jueves, 9 de enero de 2014

Los tónicos de la voluntad: 6 ingredientes para la buena ciencia

En estos inicios de año, cuando nos prodigamos en buenos deseos y hacemos nuestra lista de propósitos, he de confesaros que de éstos últimos ni me he acordado. Dejar de fumar, apuntarnos a un gimnasio, comer más sano... ¿Te has propuesto alguno de ellos?

Reglas y consejos sobre la investigación científica
Reglas y consejos sobre
la investigación científica
Imagen: Casa del Libro.
Sin embargo hoy me he acordado del insigne Santiago Ramón y Cajal, y de su libro "Reglas y consejos sobre investigación científica" que leí hace algún tiempo (y que se encuentra accesible en su totalidad en el Centro Virtual Cervantes). Tenía ganas de comentar alguno de sus consejos  y me ha parecido que hablar sobre "Los tónicos de la voluntad" (así se subtitula el libro) podría ser de lo más conveniente en esta época del año.

Cuenta Ramón y Cajal, en el prólogo de la segunda edición, que algunos de sus lectores le habían criticado (de forma constructiva) porque daba "demasiada importancia a la disciplina de la voluntad y poca a las aptitudes excepcionales concurrentes en los grandes investigadores". Y aclara que su impresión es que la mayoría de los sabios ilustres "pertenece a la categoría de las inteligencias regulares, pero disciplinadas, muy cultivadas y movidas por avidez insaciable de celebridad". Es una gran alegría para todos los que poseemos inteligencias regulares y nos dedicamos a la ciencia.

En el capítulo V (Las enfermedades de la voluntad) nos ofrece seis tipologías de científicos aquejados por una enfermedad de la voluntad. Estas "especies enfermas" debían ser muy abundantes en la fauna ibérica de la ciencia por aquel entonces. Os recomiendo la lectura pausada y completa de todo el capítulo, no tiene desperdicio. En cualquier caso, enumero las seis especies enfermas y algunos de sus síntomas:

  1. Contempladores: síntomas "amor a la contemplación de la Naturaleza, pero solo en sus manifestaciones estéticas".
  2. Bibliófilos y políglotas: síntomas "tendencias enciclopédicas; dominio de muchos idiomas, algunos totalmente inútiles". 
  3. Megalófilos: síntomas "como si confiaran en el milagro, desean estrenarse con hazaña prodigiosa". 
  4. Organófilos: síntomas "culto fetichista hacia los instrumentos de observación".
  5. Descentrados: síntomas "parecen ocupar un puesto no para desempeñarlo, sino para cobrarlo y tener de paso el gusto de excluir a los aptos".
  6. Teorizantes: síntomas "pretenden ver en grande y viven en las nubes".
Lamentablemente estas enfermedades no están totalmente erradicadas, ni son exclusivas del científico español. Y me ha parecido, puede que esté totalmente equivocada, que no sólo las padecemos al investigar, sino que en algunos casos pueden alcanzarnos cuando hacemos divulgación afectando a la manera en que acercamos la ciencia a los no científicos.

Así que nadie está libre de pillar inesperadamente un pequeño brote de alguna de ellas. Yo al menos he reconocido algunos momentos en que me han atacado. Pero como quiero comenzar el año positiva me gustaría dar la vuelta a la tortilla y convertir las seis enfermedades en ingredientes para hacer o divulgar bien ciencia. Porque en ciencia hay que tener un poco de cada una de estas enfermedades, eso sí en su justa medida.

Mi receta del tónico para luchar contra las enfermedades de la voluntad:

  • Una cucharadita de admiración por los fenómenos a estudiar. Suficiente para despertar el apetito. No abusar en demasía ni quedarse solo en ello (especialmente cuando divulguemos).
  • Dos tazas colmadas de amor por los libros y artículos. Mezclar bien con otra taza de inglés (hoy en día, con este idioma es necesario y suficiente).
  • Rehogar regularmente con una gran meta. Sobre todo cuando el tónico vaya perdiendo sabor (que los árboles no nos impidan ver el bosque).
  • Trabajar siempre que sea posible con ingredientes e instrumentos de buena calidad. Conocerlos bien, hasta el punto de saber cuánto pueden dar de sí.
  • Especializarse en algún plato ("laborar hondo y bien" como diría Don Santiago), pero estando al día de lo que se cuece en las cocinas cercanas. No se puede vivir al margen de lo que cocinan los colegas.
  • Trabajar con un plato en mente, evitando todo cacharreo errático.

Estad atentos, y si descubrís algún pequeño síntoma que empieza a aquejaros, dad una sacudida a vuestra voluntad para erradicar la enfermedad.  Al fin y al cabo, en el término medio está la virtud. 

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